Entre los árboles que se encuentran entre la inmensidad de ese abismo al que algunos suelen llamar bosque, él camina solo, con las espadas de sus fauces envainadas en la piel, camina solo, tranquilo pero alerta, silencioso, pero imponente asta el punto en el que el mismo ser humano le teme, es él, hecho para caminar solo, para vivir solo, para cantar a su diamante, pero solo.
Solo él es capaz de ello, solo Dios podía crear una figura tan perfecta, solo Ares podía forjar su fiereza, y solo el mismo Ades esa sangre fría.
Camina lustroso ante la maleza, no necesita a nadie, si acaso, en algún momento, a ella, pero eso no viene al caso, prefiere la soledad a los vicios humanos, solo él podría ser así.
¿Quién osaría enfrentarse a tal arma de sangre caliente? Solo los de su misma especie.
Lobos.
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